Nana Boruké

Nana Boruké
La Gran Abuela de las Aguas y el Misterio

¡Saluba Naná!

¡Gloria a ti Nana!

Introducción

Nanã Burukú es una deidad primordial y una de las Orishas femeninas más antiguas del panteón yoruba y del sincretismo afrobrasileño y afrocubano. Su nombre se traduce como «Gran Madre» o «Anciana Majestuosa». Ella es la dueña de las aguas primigenias, el principio de todo lo que existe, y está íntimamente vinculada al lodo (fango) y la desembocadura de los ríos en el mar (el estuario). Nanã representa el ciclo completo de la existencia: la creación, la vida, la muerte y, sobre todo, la descomposición de la materia que nutre la nueva vida. Encarna la sabiduría ancestral, la dignidad de la vejez y la justicia inmutable del destino.

Historia y Contexto: La Abuela de la Creación

Según los mitos, Nanã Burukú no es solo una deidad; ella es la matriz, la esencia primordial de la que todo surgió. Es considerada la madre de Olokun (el dueño de las profundidades oceánicas) y una entidad anterior a Orishas más jóvenes como Yemayá y Oxum.

En el Igbá Olódùmarè (el recipiente de los Orishas), Nanã se asocia al momento mismo de la creación del mundo físico, cuando el agua y la tierra se unieron para formar el lodo, la cuna de la vida orgánica. Ella es la energía que disuelve y transforma, garantizando que el fin sea siempre el principio de algo nuevo. Su figura es la de la anciana sabia, la guardiana de los misterios más profundos y la memoria viva del mundo.

Presencia en la Diáspora: Culto en América

El culto a Nanã Burukú migró con los esclavizados, encontrando un fuerte arraigo en las Américas, aunque con variaciones significativas:

  • Brasil (Candomblé y Umbanda): Aquí, Nanã es una figura central y jerárquica. Se la sincretiza con Santa Ana (la madre de la Virgen María), reforzando su rol de abuela y protectora de la familia y el tiempo. Rige la «Línea de la Evolución» o de las «Aguas Antiguas» y se la honra de forma abierta. Sus espíritus auxiliares son conocidos como el Povo do Lodo (Pueblo del Lodo), que trabajan con la ancestralidad y la purificación kármica.
  • Cuba (Santería/Osha-Ifá): Su culto existe, pero es más reservado y de alta jerarquía. Se la considera una Orisha de respeto extremo y rara vez se «hace» (corona) en la cabeza de los iniciados, debido a su antigüedad y la severidad de su energía.
  • Venezuela y otros países: Su presencia se mantiene dentro de las ramas más tradicionales que valoran la preeminencia de las deidades ancestrales.

Símbolos, Colores y Ofrendas

ElementoDescripciónSignificado Espiritual
ColorLila, violeta oscuro, morado viejo y blanco.Realeza, espiritualidad profunda, luto ancestral y la transición final.
NaturalezaEl lodo, el fango, los pantanos y los lagos estancados.La materia prima de la vida, el potencial latente y el ciclo de la descomposición/renacimiento.
Herramienta (Ibiri)Una especie de cetro o escoba hecha con nervios de palmera y paja de la costa, adornado con caracoles (cauríes).Utilizado para barrer las enfermedades crónicas y alejar a los espíritus perturbadores (Eguns).
Punto de FuerzaLa orilla pantanosa y el cementerio (el campo santo).El lugar de la transición, donde la materia regresa a su origen.
ComidasPlatos hechos con arroz (arroz con leche, puré de arroz), frijol negro y maíz blanco cocido.Alimentos básicos y simples que simbolizan la humildad y la conexión con la tierra.
El Ibirí de Naná Boruké
Ibirí

El Misterio del No-Metal

Nanã Burukú es la única Orisha que no permite el uso de objetos de hierro o metal en sus rituales y herramientas, incluyendo su Ibiri. Esto se debe a que, según la leyenda, Nanã es anterior al descubrimiento del hierro por parte de Ogún. Por lo tanto, sus herramientas rituales son tradicionalmente de barro, arcilla o bambú, marcando su preeminencia ancestral sobre Orishas más jóvenes.

Mitos o Patakíes: La Lección del Lodo

Nanã y la Creación del Ser Humano

Cuentan los patakíes que cuando Olódùmarè le encargó a Obatalá la creación de los cuerpos humanos, Obatalá intentó usar varios materiales sin éxito. Finalmente, recurrió al barro (lodo) que Nanã Burukú custodiaba. Nanã, la dueña del lodo primigenio, se lo cedió con una condición: que ese barro, al final de su ciclo, siempre regresaría a sus dominios, la tierra húmeda. Por eso, al final de la vida, el cuerpo físico regresa al lodo (la tierra).

  • Lección espiritual: Nanã nos recuerda que somos seres temporales hechos de materia terrestre. La vida es un préstamo, y el respeto por el origen y el fin de la materia es el primer paso hacia la sabiduría.

Hijos e Hijas de Nanã: El Carácter de la Dignidad

Los hijos e hijas de Nanã Burukú son personas marcadas por una profunda seriedad, dignidad y un sentido innato de la responsabilidad.

  • Virtudes: Son individuos maduros desde temprana edad, con una gran sabiduría intuitiva y una calma imperturbable. Tienen una capacidad única para afrontar el dolor y la vejez con entereza, y son excelentes consejeros para los demás. La justicia y el respeto por las normas ancestrales son sus pilares.
  • Desafíos: Pueden ser percibidos como personas reservadas, austeras o incluso retraídas. Les cuesta expresar efusivamente sus emociones y a menudo cargan con responsabilidades que no les corresponden. La lentitud, la paciencia y el desapego son lecciones constantes en sus vidas.
  • Consejo Espiritual: Deben aprender a soltar lo que ya no sirve (simbolizado por el lodo que transforma la materia) y a no aislarse. La Gran Madre los guía a través de las «aguas profundas» de su psique, exigiéndoles pureza de corazón y un profundo respeto por los ancestros.

Culto y Manifestaciones Actuales

Hoy en día, se invoca a Nanã Burukú principalmente por su dominio sobre la sabiduría ancestral y los misterios del destino y la transición.

  • Salud y Sanación: Es una poderosa sanadora, invocada especialmente en dolencias relacionadas con el espíritu, los huesos, la mente y en enfermedades crónicas o de origen desconocido.
  • Justicia y Destino: Se le pide que interceda en asuntos de justicia divina, para desenmascarar mentiras y para encontrar el verdadero camino del destino (el Igbodún).
  • Manifestaciones Culturales: Sus danzas son lentas, solemnes y de gran dignidad, sin saltos ni aspavientos, reflejando el andar cansino y majestuoso de la anciana. Su música en el tambor (o atabaque) infunde respeto y quietud.

Enseñanza Espiritual: La Lección de los Ciclos

Nanã Burukú nos enseña que el mayor acto de amor es la aceptación. Ella rige los momentos ineludibles: el nacimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte.

Ella nos invita a honrar la vejez como la etapa de la mayor sabiduría y a entender que la vida es cíclica. Así como el pantano es un lugar de descomposición, es también el lugar donde se nutre el nacimiento de nuevas especies. Aceptar el fin de una etapa, una relación o un hábito, es permitir que el «lodo» de esa experiencia nutra el nuevo ciclo. Su energía nos obliga a mirar hacia adentro, a honrar a nuestros ancestros y a encontrar la paz en el silencio.

Reflexión Final

La anciana Nanã, vestida de púrpura, con su Ibiri de paja y su mirada serena, nos observa desde la orilla del pantano. Ella es la tranquilidad que llega cuando comprendemos que todo tiene su tiempo y que incluso el dolor es un nutriente para el espíritu. Honrar a Nanã es honrar nuestra propia historia y la promesa de que la dignidad y la sabiduría son las únicas joyas que el tiempo no puede quitarnos.

¡Saluba Nanã! ¡Que la Gran Abuela nos cubra con su lila y nos conceda la paz de su sabiduría!

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