Por Qué Nace Este Blog

Todo comenzó cuando tenía cinco años. Al principio, solo eran ruidos y sombras que se movían a mi alrededor. Con el tiempo, los ruidos se convirtieron en palabras. Recuerdo que me llamaban por mi nombre, y luego descubría que estaba solo.

Las sombras se volvieron cada vez más detalladas y sus formas, más precisas. Eran otras personas que estaban ahí conmigo.

No fue sino hasta los siete años que también empecé a desarrollar el sentido del olfato y el tacto. Olía flores, cigarros, perfumes de mujer. Si me concentraba lo suficiente, podía encontrar a mis padres por su olor. Incluso, a veces, podía sentir el humo del cigarro en mi cara.

En cuanto al tacto, creo que fue el que más me asustó de todos. Me sacudían, me chocaban, me abrazaban o simplemente ponían su mano sobre mí. Pensemos que tenía aproximadamente nueve años y no entendía nada de lo que me estaba sucediendo.

Así crecí, con miedo de estar loco, porque solo yo veía, escuchaba o sentía lo que pasaba, y nadie más a mi alrededor se daba cuenta.

Cuando era niño
Cuando era Niño, no entendía lo que pasaba

No fue sino hasta que cumplí trece años que me animé a hablar por primera vez con mi hermana mayor. Imaginen mi sorpresa al saber que ella pasaba por lo mismo, y que no solo ella, sino mi padre también era capaz de sentir lo mismo que nosotros.

Fue esto lo que me motivó a investigar a fondo todo lo que me pasaba. Junto con mi hermana, encontramos el Candomblé. Ahora sí comenzaba lo bueno: el aprendizaje y el relacionarse con los guías que nos acompañaban.

Descubrí a mi Orixá de cabeza, supe quién era mi Exú, conocí también a mi Caboclo. Ellos dejaron de ser sombras y se convirtieron en nombres. Conocí sus historias, sus poderes, su humor, su temperamento, sus gustos y cómo influían en los míos; conocí sus personalidades y cómo, sin saberlo, habían forjado parte de la mía.

Volví a nacer a través del bautismo en mi nueva fe; una fe que sí me llenaba y que sí podía vivir plenamente.

Mi bautismo en el Candomblé
Renací en mi nueva Fe.

Hoy, con casi cincuenta años, la línea entre mi mundo y el de ellos es indistinta. Sigo viendo, oliendo, escuchando y sintiendo a mis guías y a muchos otros. Hoy tengo una relación de confianza y lealtad inquebrantable con mi Exú, venero a mi Orixá y él me cuida. Hoy son mis hijos quienes me preguntan a mí, como lo hacía yo antes.

Mis Guías; mis Amigos
Mis Guías, mis Amigos.

Por todo esto, decidí compartir estos conocimientos y seguir aprendiendo sobre la religión que me regaló un sentido nuevo y una visión de la vida totalmente diferente.

¡Los espero en el blog! Que la luz de los Orixás los acompañe siempre. Que Axé no falte en sus caminos.

Con respeto y devoción,

Mario.

Scroll al inicio